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Las horas perdidas | Ricardo García Mainou

30 – Foro mayor

Hace algunas semanas, comenté en esta columna la aparición de una muy inteligente opción televisiva (para los escépticos, no son términos contradictorios): ForoTV.

Un canal no devoto a noticieros desabridos (como había sido ECO) sino proveer información valiosa, discusión inteligente y, sí, noticias, pero en un concepto distinto al otro canal exclusivo de noticias (MilenioTV).

ForoTv se transmitió, hasta el pasado domingo, en el canal 115 de Sky, y en algunos sistemas de cable. A partir del lunes, y ante su aparente éxito de audiencia, ForoTv reemplaza Canal 4 en televisión abierta.

Resulta tan poco común contar con nuevos canales de televisión abierta en este país, que su aparición en el espectro televisivo es más que bienvenida.  Aún así, la transición no fue totalmente inocua, sumándose a la programación del nuevo canal, algunos de los programas con mayor rating del ahora desaparecido 4: Matutino Express, Noticiero con Adela.

Canal 4 puede haber sido una de las señales históricas de la televisión mexicana, pero desde hace algunos años languidecía como el cajón de sastre de Televisa, con una programación irregular y francamente prescindible.

Fuera de algún nostálgico del canal de las trasmisiones deportivas (béisbol, futbol de primera división, juegos olímpicos), o la repetición de series setenteras (como filial de provincia), nadie extrañará el viejo 4.

ForoTv transmitía las 24 horas, y ahora continuará haciéndolo (por lo menos en internet). Lamentablemente, los suscriptores de Sky, veremos desaparecer la programación nocturna de ForoTV, para dar lugar a la que tenía Canal 4 (exceptuando los cortes noticiosos cada media hora). O sea, en lugar de tener la oportunidad de ver todos esos programas que por su horario de transmisión diurno resultaban imposibles ver más que por la noche, ahora tendremos electrizantes infomerciales de pomadas para hemorroides, el show de Cristina y los Power Rangers (básicamente la misma cosa).

Para quienes ForoTv es novedad, sirva la siguiente lista de sus programas más destacados, como orientación. Cabe mencionar que casi todos ellos trancurren en sets vistosos, e invitan al público a participar a través del Twitter,.

Final de Partida – Media hora de información y debate sobre temas culturales. Conducido por Nicolás Alvarado y Julio Patán, suele contar con algún invitado experto en el tema en cuestión. A veces no profundiza demasiado (imposible en media hora), pero sin importar si se habla de Stieg Larsson, Porfirio Díaz o la obra de un arquitecto vanguardista de los cincuentas, siempre resulta interesante.

Es hora de opinar – Con Leo Zuckerman y Javier Tello. Mesa de discusión sobre temas de actualidad (principalmente política), con invitados de primer nivel (Aguilar Camín, Jorge Castañeda y Denise Dresser son habituales). Los viernes, un invitado habla sobre sus tres películas favoritas, lo que se aprovecha para conversar sobre mucho más.

Hora 21 – Este noticiero aptamente conducido por León Krauze, es potencialmente uno de mis noticieros favoritos en la televisión mexicana. Con un tema en debate virtual, espacio para un reportaje, y un cierre que suele ser amable o gracioso (el broche), sostiene una estructura predecible y una cobertura que suele ser menos amarilla que sus contrapartes de Milenio o Azteca. Con un poquito de humor, sería el mejor.

La otra agenda – Conducido por Ana Paula Ordorica y Enrique Acevedo, es uno de los mayores aciertos de ForoTv. Un programa que aborda todos esos temas que no suelen tener el reflector de los medios. No porque no sean pertinentes o relevantes; y de alguna manera invita a reflexionar si no debieran merecer mucha más atención y tiempo al aire que el último desplante de la Guzmán o alguna tontería similar.

El centro del debate – Elisa Alanis conduce esta mesa donde se busca profundizar en algún tema de actualidad política junto con colaboradores regulares. Alanis suele documentarse bien y hacer preguntas pertinentes que disparan el discurso o la polémica. El formato es un poco acartonado, pero nunca exento de interés.

Respuesta oportuna – Diane Pérez y Marta Guzmán abordan, sin tabúes (lo que se agradece), cualquier tema escabroso que nos despierta inquietud. Desde enfermedades de las uñas hasta la educación de nuestros hijos (con el gurú de la disciplina inteligente: Vidal Schmill), siempre abordado desde el ángulo del espectador neófito que desea saber mucho más.

Hay más aciertos en la programación de ForoTv: El mañanero de Brozo, Fr@tal sobre Internet y nuevas tecnologías, Versus un acercamiento distinto y refrescante a los temas deportivos y Agenda pública que pone la lupa sobre el comportamiento de los propios medios de comunicación.

Resulta imposible determinar ahora, si la publicidad o los intereses comerciales, terminarán minando la programación de este proyecto. Por ahora, sólo podemos pedir (encarecidamente) que eviten los informerciales sobre zapatos milagrosos y pócimas mágicas que demeritan el IQ del canal, y por supuesto, que restauren la programación nocturna en Sky: hay gente que trabaja de día y sólo puede ponerse al tanto perdiendo horas de sueño.

ForoTv es uno de los espacios más propositivos que se han puesto al aire en nuestro país, no nos queda más que desearles en esta nueva sintonía, que tengan mucha audiencia y persistan en poner por delante las ideas y la calidad.

twitter@rgarciamainou

Para El Economista: Arte, ideas y gente del miércoles 1 de septiembre del 2010

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Infancia hilarante y cruel

La industria editorial mexicana fue seducida, desde hace un rato, por las historias, ficticias o reales alrededor del narcotráfico. Haciendo a los vampiros a un lado como una moda efímera, la presencia del narco escapa continuamente de los encabezados de la prensa y se cuela en las mesas de novedades.

Entre la múltiple oferta de periodismo morboso, y esa nueva novela negra mexicana que combina el western con el thriller político; nos topamos con una novelita inesperada: Fiesta en la madriguera de Juan Pablo Villalobos (Anagrama Narrativas hispánicas, 104 pp. $150).

Sorprende, primero, que Anagrama, el sello que encabeza la vanguardia de la literatura de élite en español, se haya aventurado en la novela de narcos. Segundo, que ésta sea la primera novela de un mexicano, estudiante de posgrado en Barcelona, prácticamente desconocido en el medio. Tercero, que el texto, carezca por completo de concesiones lingüísticas y literarias para el lector ibérico (bienvenida y refrescante virtud).

La novela breve del joven escritor jalisciense es un ejercicio deslumbrante y profundamente perturbador. La vida del hijo de un capo del narco narrada por él mismo, sólo que el narrador tiene muy corta edad y una óptica muy peculiar, sin duda formada por su medio ambiente recluido y violento.

Villalobos elige llamar a todos sus personajes con nombres de corte prehispánico, una propuesta entendible y francamente provocadora, que sin embargo funciona muy bien, tanto para el registro humorístico, como para darle una connotación de universalidad que evita la comparación y la alusión frente a la presencia cotidiana de sicarios del narco en la prensa.

Tochtli, el niño narrador, ama los sombreros, las palabras nuevas del diccionario (que usa con efectos deliciosos), los hipopótamos enanos de Liberia y el ser un buen macho, como su padre. Parte de una pandilla cuya principal cualidad es la solidaridad y la verdad sin cortapisas.

La novela, sin embargo, no es la crónica de un pequeño monstruo producto de una realidad imposible. Tampoco un ejercicio de impostura de un autor que busca un ángulo novedoso para abordar un tema comercial.

La voz de Tochtli es un gran acierto, inocentemente cruel, entrañable hasta en su esquizofrenia. Consigue envolvernos desde el primer párrafo (y estoy perfectamente consciente que decir esto, es casi un cliché de la critica literaria); y no soltarnos ni un momento.

Villalobos juega con un arma de dos filos: alterna el horror de nuestra lectura, con la cotidianeidad casi trivial con que el narrador describe su mundo. Provoca una confrontación entre la brutalidad y un sentido del humor renegrido en el lector, indispensable y eficaz manera de abordar un tema que de otra manera sería demasiado duro.

Y es aquí donde Fiesta en la madriguera se desmarca del resto de novelas sobre el narco, excepto (y por sus propios méritos), de El poder del perro de Don Wilson. Villalobos nos sumerge y nos ahoga no sólo en nuestro propio morbo (en el que cae Colofón, el distribuidor en México con un cintillo infame que Tochtli hubiera sentenciado patético); sino en nuestra propia expectativa del arco narrativo de una novela criminal.

Fiesta en la madriguera bien puede convertirse en un indiscutible clásico del género. Una novela que nos rompe un corazón (que sabíamos roto hace tiempo, pero que de todas maneras duele) y nos invita tanto a la carcajada como a la inevitable reflexión frente a un subtexto político de implacable actualidad y pertinencia.

Para El Economista, Arte, Ideas y Gente el lunes 30 de agosto del 2010

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29 – Reality pobretón

El domingo pasado, a las diez treinta de la noche, se transmitió el primer programa de ese nuevo reality show que se llama Iniciativa México.

En una suerte de cadena nacional en televisión abierta, impulsada principalmente por Televisa y TV Azteca (la lista de medios que donan espacio es grande), el programa fue conducido por Carlos Loret y Sergio Sarmiento. Estructuralmente no es distinto de otros programas de concurso: Tenemos cinco competidores, semifinalistas en la categoría de esa noche: Justicia y derechos humanos.

Al inicio de la transmisión, se presenta un breve resumen de cada proyecto y se abre la votación mediante llamadas a un número 800, SMS o a vía internet. El único con costo para el votante es el SMS.

Similar a La Academia, la fotografía del concursante y su nombre aparece en pantalla cada segundo, invitándonos a votar por él, para que pase a la final donde cuatro proyectos serán beneficiados con un millón de pesos, y el ganador con dos.

Después vemos un video donde reporteros del equipo de lujo de Televisa presentan cada caso, y recibimos un corte parcial de los votos. Dos “expertos” (Leo Zuckerman y Andrés Rohemer, uno por cada televisora) hacen de sinodales, cuestionando a los participantes. La votación continúa y un proyecto pasa a la final por voto directo. Uno más Es elegido por un comité técnico compuesto por tres representantes de instituciones educativas (UNAM, ITESM, IPN). Y dos serán rescatados en un repechaje de último minuto, una vez terminados los cinco programas temáticos.

Al margen de la indudable pertinencia, relevancia, méritos extraordinarios, y valor que llevó a estos cinco mexicanos a dirigir iniciativas tan valiosas para la sociedad, me parece que hay algunas preguntas que quedan abiertas sobre el proyecto en sí y su realización.

Recordemos que Iniciativa México surge como una convocatoria, híper-publicitada, a toda la sociedad mexicana, con mensajes llenos de intenciones positivas, patriotismo y motivación. Cada noticiero de las televisoras, dedicó por semanas un espacio a hablar de mexicanos con iniciativa: Perfiles de celebridades del mundo del arte, la ciencia, los deportes, el éxito profesional y económico; seguidos por las definiciones que estos y otras celebridades, hacían de lo que es un buen mexicano, un país deseable, un futuro más feliz.

Después de su lanzamiento, mucha gente lloró conmovida: en medio de la crisis y la violencia, por fin se hacía algo por México. El resultado, son más de cuarenta mil proyectos de todo tipo, algunos muy sólidos, otros poco más que una lista de buenos deseos.

Sorprende, ante tanto ruido, promoción y costo mediático, que la cantidad del premio sea tan nimia. Un ganador de American Idol, o The Amazing Race, se lleva más al bolsillo (un millón de dólares) que un proyecto destinado a salvar, mejorar o dar dignidad a cientos o miles de vidas en Iniciativa México (no caeremos en la desmesura del reportero de Televisa que dijo, millones de vidas).

El mismo Big Brother de Televisa, daba un millón de pesos al ganador, y eso hace casi una década. Para un concursante de un reality, dos millones de pesos puede ser un dineral. Para una institución que debe consolidar un trabajo comunitario, no será una cantidad despreciable, ni mucho menos, pero tampoco representa un monto que garantice la realización o viabilidad real de un proyecto social. Frente al costo de lo publicitado, es una cantidad ridícula.

Hay que apuntar que Iniciativa México, no se trata, como se ha dicho, de un concepto innovador o inédito. Y en el fondo no importa demasiado que el concepto se haya inspirado en Lead India (ganador del Gran Premio en el Festival de la Publicidad en Cannes, y cuyos spots son demasiado parecidos a los que se transmitieron después en nuestro país).

El problema real es que como suele suceder en México, esta Iniciativa parece ser más un producto mediático inflado, que una solución real de un mejor mañana para el país.

Vamos, ¿no era posible respaldar los 25 proyectos seleccionados de mejor manera que unas palmadas en la espalda y quince minutos de fama? ¿Es necesario este programita de concursos para ayudar a México a pasar del sí se puede al ya se pudo?

Hay incongruencia en el discurso: se elige el horario más barato de la semana: domingo muy noche. Me hizo recordar aquella cápsula genial de Les Luthiers donde se promociona Cultura para todos “…en su horario habitual de las tres de la mañana”.

Después, los participantes deben pasar una eliminatoria a todas luces grosera. Y lo digo así por varias razones. Primero, porque uno de los proyectos seleccionados ni siquiera pretendía ganar algún dinero al presentarse, y por lo tanto, su creadora tuvo que improvisar frente a la cámara en qué se lo pensaba gastar. Me refiero a la Madre Antonia, una monja anciana que realiza una labor social encomiable en una de las cárceles más espeluznantes del país en Tijuana.

Segundo, por el desafortunado papel que jugó Andrés Rohemer como sinodal. El conductor tenía una pregunta para cada participante: A Miriam Israel, la promotora de la procuración de cuidados paliativos, un pequeño y maravilloso grupo que se dedica a atender, orientar y acompañar a pacientes de bajos recursos en fase terminal; la cuestiona sobre quién merece más el dinero: la atención a gente que de todos modos va a morir o un niño con cáncer que puede vivir hasta setenta años.

A Carlos Aviña, proponente del finalista proyecto de Jalisco para proteger a niños del abuso sexual, lo cuestiona relatando un supuesto caso estadounidense sobre una niña que se “inventó” el abuso para “desquitarse” de un maestro que la reprobó y terminó ante la denuncia…”quitándose la vida”.

Al margen del pésimo gusto de sus ejemplos, Rohemer se las arregló en minutos, para descalificar y distraer la atención de los proyectos en competencia, y dirigirla a melodramáticos y tramposos hipotéticos, que impulsaban a los ponentes a replicar a la defensiva, más que a realmente hablar de lo que hacen, o lo que podrían hacer con el dinero del premio.

Quizá el mayor acierto de Iniciativa México está en la atención que se le da, no sólo a los problemas del país, proyectados en las noticias diarias; sino a las valiosas contribuciones que muchos están haciendo, a su manera y muchas veces con recursos propios, para solventarlos. Que sirvan los reflectores no sólo para aplaudir sino para invitar a otros a colaborar, que siempre significará más de lo que aportará el monto de premio de este reality pobretón.

Pero pongamos a Iniciativa México en su justa dimensión. Se vale querer lo mejor para México. Se vale reunir, mediante un gran esfuerzo a todos aquellos que día a día hacen algo valioso por nuestro país. Lo inmoral es valerse de lo que ellos sí están haciendo, para pararse el cuello diciendo que es esta iniciativa, y su deslucido programa de concurso, lo que hará la diferencia.

Para El Economista – Arte, ideas y gente, miércoles 25 de agosto del 2010

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28 – Legalizar

La semana pasada, toda conversación giraba alrededor de las charlas que el presidente Calderón sostuvo con diferentes personajes, políticos, académicos y religiosos a propósito de discutir la llamada guerra contra el crimen organizado.

Puesta en el debate el primer día, y aceptada marginalmente por Calderón, la idea de discutir la posibilidad de legalizar la producción, distribución y consumo de drogas. Una legalización que fue incluso abordada de facto, por Jesús Ortega, dirigente del PRD, en uno de los discursos más desafortunados de que se tenga memoria.

Los académicos e investigadores criticaron y propusieron. Los religiosos se lavaron las manos. Los jueces pensaban que los habían invitado a cenar. Los políticos pintaron su raya y demostraron que dominan un catálogo de lugares comunes deslumbrante. Y finalmente los gobernadores, temerosos de ser arrastrados al ruedo público de la corresponsabilidad, arguyeron (como suelen) que les falta presupuesto.

El argumento por la legalización sostiene que si California legalizará (todo lo parece), México no se puede quedar atrás. La lógica dice que la procuración de justicia se ahorrará mucho trabajo (ya no hay que perseguir los delitos contra la salud de este tipo). El gobierno se hinchará de cobrar impuestos por cajetillas de mota. Las drogas duras se podrán controlar vía recetas médicas. Los campesinos que cultivan droga a escondidas podrán pedir subvenciones a Procampo. Los dealers pasarán a registrarse como Pequeños Contribuyentes, y la estructura del Narco, desbordada por la competencia (no faltará una paraestatal que produzca mota para los que no tienen con qué comprarla), cerrará sus puertas y se irá a atormentar algún país menos progresista.

Diversos artículos contradijeron estas tesis de conclusiones por demás desmesuradas. Al final, dicha legalización no se ha probado en ningún país del mundo (aunque proteste el señor Ortega con su de facto), no se ha usado como estrategia para combatir secuestros, levantones, extorsión, piratería, prostitución o tráfico humano. Y si acaso, frente a estos males, sólo nos serviría el pasón, ahora legal.

Muchas de las posturas opuestas a la estrategia del gobierno son producto de una oposición política más acostumbrada a llevar la contra que a decir cómo y por qué se debería actuar de manera distinta. Con el peso intelectual de desacreditar lo que se está haciendo porque no está funcionando, y después sugerir que se debería hacer otra cosa. Vaya genialidad.

La solución es legalizar, se dice y ahora se matiza: pero para el problema de las drogas, no para la violencia. Olvidando que la principal preocupación de los mexicanos es precisamente la violencia y no si el vecino se las truena constitucionalmente. El asunto de legalizar las drogas, de pronto se escapa del ámbito de salud pública donde debería discutirse y se quiere proyectar a los de Economía, Hacienda y Procuración de Justicia. ¿Si se legaliza la mariguana para efectos medicinales, el PRI estará en contra de que se cobre IVA en su venta?

Lo más curioso es que del debate sobre legalizar la droga se pasó, sin tomar aire, al debate para legalizar los matrimonios homosexuales y el derecho de estos últimos a la adopción. El timing no podía ser más oportuno. La demanda de la PGR que acusaba al Gobierno del Distrito Federal de haber aprobado una medida anticonstitucional, llegó a discusión a la Suprema Corte de Justicia, justo a tiempo para despertar lo peor del oscurantismo que los mexicanos llevamos dentro.

Desde un Cardenal diciendo que la Suprema Corte fue comprada por el Jefe de Gobierno del DF, hasta un vocero de la arquidiócesis que dijo que la resolución de la Corte es peor que el crimen organizado y la narcoviolencia.

Un aplauso (de pie) para el tribunal máximo del país, que si una cosa ha dejado claro es que no se somete a la presión (política, mediática o religiosa) de nadie. Ni a las amenazas de la destrucción de la familia mexicana, ni a las llorosas e ignorantes declaraciones de un abogado cristiano que se rompía las vestiduras en Televisa por el fascismo del PRD y la integridad psicológica de esos niños que serían traumatizados al sacárseles de un orfanato para vivir en un hogar con dos padres (o madres) que les ofrecen no sólo amor sino la posibilidad de tener precisamente una familia.

Vivimos en un país donde se habla con entusiasmo de legalizar las drogas y con horror de legalizar el matrimonio de dos ciudadanos con preferencia sexual distinta. Vivimos en un país donde se afirma que sería buena idea que se despenalizara el comercio de droga, pero se encarcela por décadas a mujeres por tener abortos espontáneos. Vivimos en un país donde las élites políticas saben que es más barato descalificar que proponer, preferible señalar acusadoramente a asumir el riesgo de la responsabilidad compartida.

Pero no hay que desanimarse. También vivimos en un país donde uno de los Ministros de la Suprema Corte dice el amor no tiene nada que ver con la orientación sexual. Todavía hay esperanza.

Y si no, siempre nos queda legalizar las drogas.

Para El Economista – Arte, ideas y gente, miércoles 18 de agosto del 2010

27 – Todos quieren un twitter

Es la moda. La solución a un problema añejo de los medios de comunicación; básicamente la razón por la que se les etiquetaba medios de información: Para que exista la comunicación hacen falta dos.

Volvamos brevemente a los básicos: emisor, receptor (roles reversibles), código en común, y si atendemos a uno de los grandes teóricos de la materia: que el emisor sepa quién es el receptor, viceversa, y que exista respeto en ambos. O sea: la pura utopía (la pura buena onda, según Calles, profesor universitario que discurría el tema como nadie).

Tanto la radio como la televisión han descubierto el twitter. El primo hiperactivo e indiscreto del correo electrónico. Gracias a ello, sus radioescuchas y televidentes, tenemos manera de responder, insultar, reclamar y proponer, en vivo. No es necesario recurrir a un número 800 (de los tiempos de Nino Canún) o a enviarle una carta al tío Gamboín. Hoy (y de antemano me disculpo por la ingente cantidad de neo-anglicismos) twitteas.

Sorprende el entusiasmo con que muchos programas han abordado el twitter. Dedicando, incluso, largas secciones de su otrora valioso tiempo al aire, para leer los disparates, chistes, lugares comunes y alguna corrección que improvisan los remitentes deseosos de participar o de ser mencionados al aire.

Desde Final de partida, en ForoTV, que envía el día anterior un tweet (singular) con el tema del día, para después recibir cientos de respuestas, algunas de las cuales se leerán aleatoriamente durante el programa del día siguiente; hasta engendros como Tribuna interactiva (TDN), donde el debate es futbolístico, y se participa por tweet y teléfono, con todo y  conductores que no son expertos en nada más que en provocar al público.

Sin entrar en detalles técnicos, una cuenta de twitter combina el tejido de las redes sociales con la inmediatez del email. En nuestra cuenta decidimos a quién seguir, y a partir de entonces recibiremos sus tweets, que pueden ser desde ligas a sus artículos en prensa, ocurrencias políticas o cotidianas, chismes, revelaciones íntimas, y también retweets, como se le llama al famoso acto de reenviar a tus seguidores algo que alguien más te compartió y te parece imprescindible difundir. Todo en menos de 140 caracteres.

La flexibilidad de la herramienta que permite hablar antes de pensárselo bien, provoca que se comparta de más. Como si hiciera falta un medio para que la gente dijera más impulsivamente lo primero que se le ocurre.

Felipe Calderón twittea mensajes optimistas e información relevante sobre sus propuestas, intenciones o sucesos específicos. O por lo menos eso suponemos, porque la foto y el nombre son los suyos, pero como todo en internet, los alias son del primero que los “aparta” así que quién sabe quién está detrás…

Brozo, twittea tan seguido, chistes y ocurrencias, que tiene que tener a alguien contratado de tiempo completo con el tecladito. León Krauze pretende informar, preguntar, dejarnos tarea. Katia D’Artigues comparte hasta su lista del súper, mientras que resulta evidente quiénes se sienten incómodos o no le encuentran tiempo o para qué, pero aún así se anotan (Denise Maerker, Joaquín López Dóriga, etc.). También podemos seguir a gurús o personalidades que nos enviarán un pensamiento profundo al día y a celebridades que quieren hacerse los chistosos.

Independientemente de nuestros gustos y preferencias, la presencia del twitter en los medios resulta tan ilustrativa y entretenida como leer foros de discusión en internet o las cartas del lector en cualquier periódico: Anónimas, crípticas y llenas abreviaturas.

Donde antes se pasaba al aire la llamada del señor ministro, y se leía el boletín de prensa llegado por fax, y más tarde se seleccionaba el email más relevante, ahora se lee lo que sea. La democracia total llegó a los medios.

No cabe duda, que como espectador hay un elemento provocativo en poder corregir a comentaristas ineptos, columnistas distraídos, y locutores mal informados. El centro, sin embargo, es dar opiniones (¿y a quién no le gusta dar su opinión?), y codearse, aunque sea de manera electrónica, con las estrellas del canal o las grandes personalidades de la radio.

Pero así como a todos nos gusta dar nuestra opinión, también es cierto a pocos les interesa realmente escuchar la opinión de los demás, por lo que esos momentos se vuelven los ideales para hacer un poco de zapping, o prepararse un sándwich. A menos que estemos esperando que seleccionen nuestro tweet y lo lean al aire: “Qué bonita corbata”. “Saludos a mi mamá en su cumple” o “Cuando van a hacer un programa sobre la sanación cuántica”.

Ahorrarse en contenidos y refrescarlos con la participación del público (los productores aman la palabra interactiva) suena muy bien en papel, pero la lectura indiscriminada de tweets, no deja de parecer sino ruido mediático, una presencia de moda más que una verdadera intención de entablar un diálogo.

twitter@rgarciamainou

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Intriga Global

Escribir novelas de espías después de la caída del muro de Berlín, y el fin de la guerra fría es un trabajo complicado. En El Turista (RBA, 480pp) el escritor de Baltimore, que reside en Hungría: Olen Steinhauer evita caer en el síndrome de los “nuevos villanos” que ha popularizado los thrillers de espionaje desde que Tom Clancy dejó de vender libros y empezó a comercializar su nombre en videojuegos.

Ni estamos en la trillada conspiración de un gobierno secreto para dominar el mundo (como tanto disfrutaba Robert Ludlum), ni recorremos la geografía global en busca de terroristas de Al-Qaeda, traficantes de armas en las ex–repúblicas soviéticas o malvadas corporaciones sin escrúpulos.

El trabajo de Steinhauer ha sido ciertamente influenciado por los grandes del género, como Le Carré, y la comparación aquí vale más que el omnipresente cintillo mencionando al autor británico.

El turista es una historia sobre el espía en sí mismo, y las complejidades de una nueva era donde las lealtades simplemente no existen, y no hay manera de dilucidar la complicada red de intereses globales, las presiones inter-agencias después del 9/11 y  el valor de la lealtad, todavía atesorado por una vieja generación de espías.

Lo mejor de la novela de Steinhauer es la creación misma del concepto de el turista, este operativo de la CIA entrenado para ejecutar misiones extremas con violenta efectividad, sin necesidad de preocuparse o entender para qué y por qué lo hace. Un concepto que pone al gran personaje de Robert Ludlum (Jason Bourne) en perspectiva, como algo casi datado.

La mitología que rodea este nuevo turismo es brillante. Agentes de viajes que desde un piso en Nueva York construyen las misiones que desempeñarán sus viajeros por todo el mundo, todos coordinados por el espía de la vieja escuela Tom Grainger (una suerte de George Smiley estadounidense).

Como David Ignatius, quien supo sumergir al agente de la CIA en un laberinto burocrático donde la moral no existe más que como concepto de relaciones públicas, Steinhauer sabe que el secreto de una buena historia de espías está en el espía mismo.

La novela cuenta la historia de Milo Weaver, un turista en una misión de autodestrucción que encuentra la salvación en un callejón veneciano gracias a una desafortunada coincidencia. Milo se retira del frente y asume un cargo administrativo, por primera vez tiene una vida y puede pensar más allá de la siguiente misión.

La novela gira alrededor de un complejo crimen por resolver, lleno de vueltas de tuerca, persecuciones, conspiraciones y personajes siniestros. Weaver quiere revelar la verdad, y como lectores (y cómplices) buscamos lo mismo, hasta determinado punto en que empezamos a preguntarnos primero si es posible, segundo quién diablos es Milo Weaver, y finalmente caemos en cuenta que descubrir lo que sucede es lo de menos, como suele decirse, el placer máximo de El turista, está en el viaje.

El turista será llevado a la pantalla en 2012 por George Clooney.

26 – Canal Once: Apertura, morbo y marketing

Con el lema de la televisión más abierta que nunca, Cadena Tres transmite desde hace tres años en el canal 28 del Distrito Federal, y en el 128 de la televisión por cable y desde hace poco, también en Sky.

La punta de lanza de su concepto de mayor apertura, no son sus noticieros retro (estilo setentero), sino Las Aparicio: “la primera serie mexicana que se transmite todos los días”. Un ejemplo claro de la estrategia de marketing de rebautizar las cosas con la esperanza de que sean percibidas de manera diferente. No nos engañemos, esta serie mexicana que se transmite todos los días, y produce Argos, no es otra cosa que una telenovela.

Es más abierta, porque cuenta la historia de una familia de mujeres, una de las cuales controla un servicio de “acompañantes”. Es más abierta porque una de ellas es bisexual, y comparte su vida romántica con su novia y su novio, que entre sí no se soportan, pero que aún así retozan en candentes fajes a seis manos.

Es más abierta, porque sus personajes dicen groserías, las mujeres se besan a cuadro, y uno de sus personajes (actuado por Damián Alcazar con un acento que oscila entre cubano y guatemalteco) pontifica sobre el Ché Guevara y la revolución.

El viernes pasado, la actriz Gabriela de la Garza (Alma Aparicio) estuvo presente en ForoTv, discutiendo sus tres películas favoritas con Leo Zuckerman y Javier Tello (Es la hora de opinar). Respondiendo a las preguntas de un sonriente Zuckerman, la actriz habló del polémico beso femenino de las Aparicio. Yo me di uno en Bienes Raíces (Canal 11), dijo, y después abordó el concepto detrás de la familia de mujeres.

No hay duda que la nueva telenovela de Argos, busca ir más allá. Ha creado una secuencia de créditos, con imágenes provocativas de las doce cosas que debe hacer una buena esposa, tal y como se podría haber esperado en los años cincuenta. Pero la serie no transcurre en esa época y tampoco es sobre esposas que quieren o sean presionadas para ser perfectas.

Resulta más bien un pretexto simpático, que recuerda a Esposas desesperadas. Como también lo hace la introducción y despedida que hace una voz femenina en off, anunciando cuál será el lei motiv del programa del día. El viernes, fueron los triángulos (amorosos, principalmente).

La propuesta más llamativa de Las Aparicio, no está en que sus personajes se pendejeen y manoseen a cuadro, ni el fantasma del abuelo que fuma y les habla desde el más allá, sino la siguiente escena: Claudio (Eduardo Victoria), abogado y socio de Mercedes Aparicio, llega a su despacho, y su secretaria lo espera con un ejemplar de periódico. “¿Qué cree, licenciado, aún no aparecen los periodistas secuestrados?” Ocasión que aprovecha el susodicho para regalarnos un discurso sobre lo mal que está el país, lo terribles que son sus políticos, la violencia que impera, y lo lamentable de la estrategia del gobierno federal para atajar al crimen organizado. Es casi como leer una columna de Epigmenio Ibarra (uno de los productores del serial/novela).

Entonces, la secretaria que hasta ese momento asiente con gravedad, le pregunta qué le pareció lo que hizo Denise Maerker; que durante El punto de partida del jueves por la noche, decidió transmitir la hora de su programa en negros (con el logotipo del programa –no era falla eléctrica), en protesta por el secuestro de uno de sus colaboradores y la incapacidad que tienen los medios (y el periodismo) para realizar su trabajo y reportear la citada guerra contra el crimen, si no hay condiciones mínimas de seguridad.

No es necesario decir que la escena le da una frescura e inmediatez a un capítulo que sin duda se grabó mucho antes, y constituye una jugada ambiciosa de los productores. Y hubiera funcionado mucho mejor, si el acercamiento fuera más sutil y más natural. El discurso de Claudio, sin embargo, es forzado, e inverosímil frente a la secretaria. Un diálogo sobrescrito que suena más a toma de postura del guionista o el productor que a un personaje real comentando los sucesos del día.

Y ese es el problema de Las Aparicio, que está llena de los problemas endémicos de las producciones nacionales: Diálogos forzados. Mal audio con todo y música pop de fondo para forzar la continuidad sonora. Sets sobredecorados con iluminación plana. Mala dirección actoral, entre las buenas actrices que posan en lugar de moverse con naturalidad, y las malas (la hija de Leonardo o Mariana la chef lesbiana) que desesperadamente necesitan otro peinado.

Al final, lo que da al traste con todo el esfuerzo, está en un guión rollero, que debe improvisar para rellenar ese espacio diario; y una edición trompicada, de cabina de producción de telenovela, que no deja respirar la atmósfera. Entra y sale antes de lo necesario a cada escena, y emplaza la cámara en la escuela de Televisa.

La apertura, como bien ha mostrado la propia Maerker en su programa, y Canal Once en sus series, no está en romper tabúes, ni en ser polémico y escandaloso per sé, sino en elegir temas y abordarlos con profesionalismo. Y esto tiene menos que ver con el presupuesto y el marketing, y más con la idea básica de que se tiene una historia que contar, la visión para contarla bien, y el talento técnico para producirla.

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25 – Nuevas (no tan nuevas) series

Mientras el árbitro inglés pitaba el final de la Copa del Mundo, algunos canales ultimaban detalles para estrenar su nueva programación. Hace algunos años, como se hace en EU, el verano era utilizado para la llamada mid–season, un especie de hiato en las temporadas regulares de las series más populares, donde se probaban pilotos y series cortas y el público que no salía de vacaciones, veía episodios repetidos y esperaba a que reiniciara Lost o House.

El mid–season resultaba confuso para el público latinoamericano, por lo que ahora suele combinarse, ya sea diferir por meses el estreno de las series, pero luego transmitirlas completas (Fox y Sony); o repetir eternamente los mismos capítulos hasta que perdemos todo interés y luego recetarnos sin previo aviso dos capítulos de estreno (Universal y Warner, principalmente).

Los estrenos de esta temporada son series que se habían quedado en el cajón de los canales. La mayoría, incluso fueron renovadas o van en su segunda temporada en los EU. Esto, por lo menos, nos garantiza invertir nuestro interés sin que medie una cancelación prematura.

Sony inicia con The Middle. Una comedia renegrida, bastante buena, sobre una familia disfuncionalísima de rednecks perdedores del centro de los EU. Una conjugación de Los Simpsons, Malcom in the Middle, y My name is Earl. Es un estilo de humor difícil y a pesar de ello funciona perfecta y deliciosamente bien, gracias a la química afortunada entre Patricia Heaton (Everybody loves Raymond) y Neil Flynn (el conserje de Scrubs).

Exactamente lo opuesto es Men of a certain age. Carta fuerte de Warner, con elenco estelar: Ray Romano, Scott Bakula y Andre Brauger. Especie de antítesis de Sex and the city, sobre tres amigos cuarentones en la crisis de la mediana edad. Pretende conjugar drama y comedia, y si el piloto es muestra, el resultado será francamente aburrido. Ray Romano es incapaz de salirse del papel que lo hizo famoso (Raymond), y sus compañeros tienen roles poco agraciados. Esta no me robará tiempo.

Por otro lado, buscando heredar la acción de 24, llegó Human Target. Serie episódica sobre un guarura (Mark Valley) que auxiliado por un equipo de ex–mafiosos (entre ellos, el estupendo Jackie Earle Haley), debe proteger al personaje invitado en turno, usualmente interpretado por un buen actor invitado. Suena soso, pero no lo es. En el primer capítulo debe proteger a una científica dentro de un tren bala, en el segundo (mejor) a una hacker en un jet de pasajeros en llamas. Mientras no le toque cuidar a algún procurador estatal en el norte de México… esa quien sabe si la sobreviva. La serie, sin embargo, si lo hizo.

Movie City estrena con mucho ruido y una campaña provocativa de psicología opuesta (básicamente la llama “La serie que no debes ver”), Spartacus: Blood and Sand. Un producto muy exitoso en EU, por haber sido fabricado a la perfección para complementar los sueños húmedos del público masculino de cualquier sitio. Combinación entre Roma, Gladiador y Los 300: Acción espectacular y cámara phantom que congela la espada, las flechas y las gotas de sudor. Con escenas eróticas casi explícitas que quitan el aliento. Sangre que salpica la pantalla a cubetadas (casi parece Milenio Noticias), y una trama entretenida. Sin duda dará mucho de qué hablar. Especialmente para quienes puedan disfrutarla en Alta Definición. Pasa los domingos por la noche (23 hrs.).

Regresan también series que creíamos desaparecidas o canceladas. En Sony, My boys sustituye a la genial Community, que terminó temporada y SNL, la serie más horrorosa e ineficientemente diferida, acaba de pasar su capítulo navideño. En Warner, Chuck regresa para una tercera vuelta con más de lo mismo (aunque ahora es capaz de dominar entre bizcos las artes marciales). Californication se cuela casi a la medianoche (un horario más que apropiado) junto al ocaso de The L–World; y en Fox, la apasionante Lie to me va en su tercera semana y temporada en Fox.

Como cierre, unas horas perdidas garantizadas a futuro: a principios de agosto, se anuncia el regreso de Damages, ¿qué se traerá Patty Hewes (Glenn Close) entre manos para esta sufrida temporada de despedida?

twitter@rgarciamainou

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24 – OnceTV: El mal olor y la estupidez

Vivimos en un país sospechosista donde debajo de cada piedra se cuece una conspiración de la que vale recelar. Miramos con desconfianza hasta las buenas noticias. Y no porque la burra no haya nacido arisca, sino porque está en nuestra naturaleza, probablemente desde que llegaron, de allende el océano, unos señores con cuentas brillantes y estuvimos dispuestos a vender a la hija más bella ante la vista de tales maravillas.

El más reciente ejemplo es el ahora bienamado Canal 11. Nada más se da la noticia que el hasta ahora ignorado canal del politécnico (y lo digo sin ánimo de herir susceptibilidades) empieza a digitalizar su señal y ampliará su cobertura gracias a repetidoras proporcionadas por la secretaría de gobernación, y antes de aplaudir por la oportunidad de una televisora pública que lleve algo más que telenovelas, futbol y programas de variedades, muchos ven el negro en el arroz.

La cobertura se logrará a través de algo que se llama el OPMA (organismo promotor de medios audiovisuales), que básicamente subcontrata 25 frecuencias en ciudades donde el 11 no llegaba (mas que a través de Sky) y comienza a transmitirlo ahí.

La comisión de radio y TV de la cámara de diputados, que ha probado ser estupenda legislando leyes en su materia, levanta el grito al cielo y exige una investigación. Supuestamente detrás de esta ampliación de señal hay un complot del gobierno para publicitar al PAN durante la próxima campaña electoral del 2012. Mejor aún: se pretende censurar la voz del pueblo mexicano a través de la Segob.

Es el momento perfecto para hacer una pausa y dejarnos ganar por la risa loca.

Evidentemente no hay un diputado en la citada comisión que haya sintonizado alguna vez Canal 11. Nuestros legisladores, y hay que decirlo, un puñado demasiado grande de intelectuales de pacotilla del llamado círculo rojo (si les queda el saco), siguen pensando que los medios de comunicación son una todopoderosa industria con un poder de lavar cerebros y voluntades (demasiados capítulos de Pinky y Cerebro).

Poco importa si las más serias investigaciones en medios de comunicación han probado justamente lo contrario. Los medios no son capaces de lavar mentes. Entre sus posibilidades sólo existe, crear la agenda de discusión, reforzar el pensamiento de convertidos (a favor o en contra) y afanarse inútilmente en persuadir a los indecisos.

Y aunque así fuera (hora de frotarse las manos y soltar una carcajada de supervillano), primero, los malvados políticos tendrían que lograr que la gente viera el canal. Y fuera de comprar los derechos de transmisión de la FEMEXFUT, conseguir eso en menos de dos años está más que complicado.

La censura tampoco es asunto de preocupación (seria) para el canal.

Vamos, lo más provocador que hasta ahora hace el Once es un aburrido y veterano programa de debate político que durante años se ha transmitido los lunes. Se trata de Primer plano, donde un grupo de intelectuales vestidos de negro, corroboran su propia inteligencia para criticar al gobierno y analizar las noticias diarias, mientras sus colegas los contemplan con cara de circunstancias y ganas de interrumpir para probar su elocuencia.

El resto de la programación del Once está conformada por insipidísimos noticieros (que hacen parecer a Lolita Ayala como Fox News). Programas de análisis bienintencionados pero sosos (Espiral). Repetición de seriales británicos y españoles. Cine francés y europeo. Caricaturas descoloridas. Programas de divulgación científica, cocina, discusión sexual y cultural y perfiles de cantantes folclóricos (El tímpano fue dedicado el domingo pasado a Paquita la del Barrio).

Su carta más fuerte son las brillantes series de televisión mexicanas (Bienes raíces, Soy tu fan), pero esas no van a convencer a nadie a votar por el PAN (o ningún otro partido, para el caso).

Detrás de la creencia boba en esas conspiraciones, están políticos que subestiman enormemente la inteligencia del pueblo mexicano (el león cree que todos son…), y buscan distraer la atención y perder tiempo para no discutir los temas verdaderamente importantes para México.

Enhorabuena para Canal 11, aunque su contrato con OPMA sea provisional, felicidades. Es tiempo de seguir modernizando el canal, mejorando la producción propia y ofreciendo una alternativa inteligente a los cientos de canales disponibles para el televidente hoy en día (como ha hecho Canal 22 desde que lo dirige Jorge Volpi). Lo demás, la verdad, son tonterías.

Para El Economista / Arte, ideas y gente del miércoles 21 de julio del 2010

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23 – Oh-o, África

Se terminó el Mundial, y algunos de nosotros sufriremos síndrome de abstinencia. Curarlo no será fácil. La pretemporada del futbol mexicano, con perdón para nuestros jugadores, federación y televisoras, será una pobre alternativa para el pasado mes en que Sudáfrica estuvo en nuestras mentes día y noche.

Las últimas semanas, mis horas perdidas se escapaban entre los noventa minutos del partido en turno, las ceremonias de los himnos, la compensación, los resúmenes, programas de análisis, etc. Sólo un breve paréntesis para las elecciones, de las cuales fue imposible sacar sino una reflexión de índole futbolera (ver columna de la semana pasada).

Para zanjar el asunto, venga la última conclusión a propósito de la más estupenda copa del mundo de los últimos años. En palabras de nuestra elocuente prensa deportiva: un mundial histórico.

¿Quién diablos eres?

La identidad personal viene a cuento, cuando la perdemos. Nuestros amigos no nos reconocen, evitamos la propia mirada en el espejo por miedo a descubrir a alguien más detrás del rostro de un extraño. Incómodos en nuestra piel, vivimos esta suerte de esquizofrenia temporal, dejando que alguien más (que al final somos nosotros mismos, claro, pero engañarse para ser otro a veces basta) lleve la batuta.

Algo así le pasó a Brasil frente a Holanda, a Alemania frente a España, y a la propia Holanda en la final. Los brasileños dejaron su juego alegre de lado y se dedicaron a reclamar al árbitro, hacer muecas de divos mimados, patear al rival y perder la cabeza. El resultado lo conocemos todos.

Cuando la arrolladora potencia alemana se enfrenta a España (viene de golear a Inglaterra y Argentina), lo que sale a la cancha, no es un halcón, sino un tímido pollito. Echado atrás, buscando contragolpear sin llevar la ventaja, lo cuál en principio es una estrategia cuestionable. Más aún si se realiza frente a un equipo egoísta como ninguno con el balón. Estrategia desastre.

En la final, Holanda sufre una combinación de ambos. En algún momento entre que el infalible pulpo Paul (chiste rápido de twitter: “primo de ostradamus”) y los medios, dieron a España como favorito, en las mentes de los naranjas se fue consolidando una idea que sobrevive en nuestros cerebros de lagartija desde las épocas del sitio de Esparta: el único remedio es combatir a muerte. Sumemos que Nigel De Jong recibió un cheque de un estudio en Hollywood para promocionar el relanzamiento del Karate Kid…

Rumor o no: se manejó que la mujer del árbitro inglés, presuntamente declaró a la confiable prensa británica, que su marido era incapaz de controlar ni a sus hijos pequeños. Cuando el marido, furioso, regrese a casa, podemos adivinar el resultado: lo que en algunos hogares implicaría divorcio, en el suyo es una tarjeta amarilla más.

Todos tenemos nuestro coco. Ese temor profundo que seguirá asomando, no obstante los sorteos, los puntajes, o eso que mal llamamos suerte. Sin no somos capaces de superarlo, seguiremos atascados en una pesadilla revolvente, donde la historia se repite, inevitable.

En el futbol es igual. México lo tiene con Argentina, Alemania, los árbitros y los penales. Estados Unidos, también. Perdió con Ghana por segundo mundial consecutivo, por el mismo marcador y en la misma instancia. Nadie se salva. Los gigantes teutones tiemblan frente a la furia española. Para Holanda es la final (en otro deporte, pensemos en los Bills de Buffalo). Para los países africanos son los penales en cuartos de final. Para Brasil, su intolerancia a la frustración.

Al final, casi todas las selecciones del mundo deberían ponerse a temblar cuando uno de sus elementos, jugador o cuerpo técnico, declara que con lo hecho han cumplido y que ahora aspiran más. Nunca se supera ese ya cumplimos, y aspirar no invoca triunfo. Pregúntenle a Uruguay.

La insatisfacción puede ser la clave, pero también la identidad. España no olvidó, ni en su derrota frente a Suiza, ni en el momento más álgido de ese partido entre rudos y técnicos que fue la final, que lo suyo es no prestar el balón, tocar en triángulos, y agobiar al rival más pintado. Por eso los demás equipos le temían a España.

¿Qué hubiera pasado si Brasil, Holanda y Alemania hubieran mantenido su identidad? Quizá hubiera triunfado España de todas maneras, pero el espectáculo, la memoria (y su dignidad profesional) hubieran sido muy distintos.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 14 de julio del 2010

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etc.